Una década de crisis en España.

La tasa del umbral de la pobreza ha pasado en estos 10 años del 19,70% al 22,30%. La realidad es innegable. Los datos constatan que tras cumplirse la primera década del estallido de la crisis financiera mundial, España camina por la senda de la recuperación, siendo uno de los países más destacables en crecimiento a nivel europeo.

Pero también es cierto que detrás de este mensaje optimista existen muchos matices. “La macroeconomía apunta a una dirección y la micro a otra. Una de las consecuencias más claras de la crisis es que en España se han bajado los salarios porque ha habido una fuerte destrucción de empleo que ahora se está compensando con sueldos más bajos” explica Pedro Aznar, profesor del departamento de economía y finanzas de la escuela de negocios ESADE.

El salario medio de los trabajadores era de 1.643 euros brutos mensuales en 2007. En 2015, esta cuantía ha pasado 1.893 euros, según las últimos datos disponibles del INE. En términos reales la aparente subida queda neutralizada con la inflación (IPC).

Además, la estadística hecha pública hace apenas una semana por Eurostat sobre costes laborales pone en evidencia la situación de España sobre el resto de los países comunitarios: los salarios crecieron una media del 2,4% en la UE durante el segundo trimestre de 2017, mientras que en nuestro país lo hicieron en un 0,4%.

En cuanto al salario mínimo, España se queda dentro del grupo de países como Portugal, Grecia, Malta y Eslovenia, y muy lejos de otros como Reino Unido, Francia, Alemania o Bélgica, que superan los 1.250 euros mensuales, frente a los 707 euros nuestros. “Las empresas están recuperando competitividad, en parte porque los salarios ya no son lo que eran; los que se incorporan al mercado laboral lo hacen con una retribución más baja.

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Esto ha provocado un reparto más polarizado de la renta, más desigual que antes de la crisis”, matiza Aznar. Hay un dato clave que ilustra lo que cuenta el profesor de ESADE: la tasa del umbral de la pobreza entre la población (personas que tienen realmente problemas para cubrir las necesidades básicas) ha pasado en estos 10 años del 19,70% al 22,30%.

“Es importante la repercusión que ha tenido la crisis en el Estado de Bienestar, ya que se ha debilitado. La deuda pública ha pasado del 36% del PIB al 100%. Esto significa que parte de los recursos públicos se destinan a pagar intereses y por tanto hay menos prestaciones para los ciudadanos”, subraya Pedro Aznar. La sanidad y la educación han sido los principales destinatarios de los recortes.

Un futuro incierto

La recuperación de la economía española ha venido de la mano de varias actuaciones por porte de los organismos políticos nacionales e internacionales. Pero las tres más importantes fueron el rescate bancario doméstico; las inyecciones de liquidez del BCE en los mercados europeos, una decisión que evitó el colapso de las finanzas internacionales, y la coordinación del G20 para dar una respuesta global a la crisis. Este periodo de dificultades también ha tenido sus efectos positivos.

Hoy, los mercados son más transparentes, se está buscando como nunca la protección de los consumidores dentro de un marco legislativo europeo, y la venta de productos financieros o de inversión es mucho más selectiva. “El periodo de crisis nos debe proporcionar algunas enseñanzas positivas, sobre todo relacionadas con el conocimiento de los productos financieros por todas las partes. Ahora tenemos unos profesionales mucho más concienciados y cualificados, un sector más regulado y protegido ante aquellos episodios de mala praxis, y unos clientes más interesados en conocer el funcionamiento y las diferentes alternativas de inversión”, explica Andrea Carreras Candi, directora de EFPA España (Asociación Europea de Asesores Financieros).

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La pregunta que surge en este momento, transcurrida una década del inicio de la crisis, está enfocada al futuro más inmediato: ¿Qué perspectivas hay de seguir mejorando y que los ciudadanos lo noten realmente en sus bolsillos? Primero, hay que tener en cuenta que el apoyo del BCE en los mercados comenzará a retirarse poco a poco antes de que termine el ejercicio, y que la tendencia de los tipos de interés es al alza.

En segundo lugar, no hay que olvidar tampoco que España debe cumplir con el Pacto de Estabilidad y Crecimiento europeo de 2020, donde, entre otras, cosas deberá reducir la tasa de desempleo al 11,9% frente al 17,5% previsto para 2017, y disminuir el déficit y el gasto en algunas prestaciones sociales. De no llegar a los objetivos podría recibir una sanción económica por parte de Bruselas.

“Las reformas estructurales implementadas en los últimos años sustentan una senda de crecimiento sostenible y equilibrado, incluso en ausencia de algunos de los factores exógenos que han impulsado a la economía española en los últimos años, como la reducción del precio del petróleo y los estímulos monetarios del Banco Central Europeo (BCE)”, explica el Gobierno en la última actualización del Plan de Estabilidad 2017-2020. Para el profesor de ESADE, Pedro Aznar, “la asignatura pendiente es recuperar crecimiento económico y el bienestar de los ciudadanos”.

En este sentido, Andrea Carreras Candi sopesa que “probablemente será complicado alcanzar los niveles de bienestar previos a la crisis. Todavía queda mucho camino por recorrer pero vamos en la buena dirección”, matiza. La propia Comisión Europea reconocía el pasado mes de agosto que “las últimas cifras económicas son alentadoras pero todavía queda mucho por hacer para superar el legado de los años de crisis”.

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